lunes, 3 de marzo de 2008

Equidistante


Tenía 16 años cuando conocí en un funeral a un montón de familiares que enseguida comenzaron a llamarme sobrino y primo, una tanda de desconocidos se presentaban dándome besos, abrazos y apretones de mano en un entierro de lo más extraño.
Tras ese día lisérgico, no volvimos a coincidir más que en un par de ocasiones y siempre con la misma distancia.
Hoy es el funeral de uno de ellos, sé que murió invadido por el cáncer.
Hoy volverán los besos, abrazos y apretones de manos con familiares desconocidos, con la misma distancia.

5 comentarios:

jaimegti16v dijo...

flánagan, soy fan tuyo. Lo mismo siento yo invariablemente todas las navidades.

Flánagan dijo...

Thanks, me pasa lo mismo.

Ignacio dijo...

Lo malo es que llega un momento que hasta los echas de menos, normalmente cuando ya no tiene remedio.
Vengo desde los surcos de Jaime.
Saludos, Ignacio

puritadinamita dijo...

pues animo, es q estas situaciones son raras, es soledad acompañado, es mejor humor para sobrellevarlo bien con este tipo de relaciones sin sentido y diplómáticas...besotes

la polilla dijo...

Cada día te mejoras, rey. Pero eso es algo que yo sé muy bien. Muy buena entrada. Besos.

 
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